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Emociones digitalizadas: besa, huele o toca, a través de Internet

Emociones digitalizadas: besa, huele o toca, a través de Internet

No sé hacia dónde vamos con esto de “digitalizar las emociones” (¿intercambio de fluidos virtual?) pero lo que sí parece es que vamos MUY rápido. O si no que se lo pregunten a Adrian David Cheok, un australiano que trabaja como profesor en la universidad de Singapur y cuyo mayor deseo es hacer de Internet un espacio conectado emocionalmente.

Gracias al desarrollo de un hardware que copiaría de manera fiel el “mundo real”, Adrian quiere que se digitalicen los cinco sentidos. De esta forma, lo creas o no, sería posible besarse, percibir olores o probar diferentes sabores mediante chips o a través de la red. Un momento, un momento… ¿Un beso de aire directo a mi lengua? ¿Tu mirada abierta a kilómetros de distancia, reposando, azul y eléctrica, sobre mi frente? ¿El olor de la lluvia directo a mis manos, con el cuerpo libre de toda humedad?

Pionero en proyectos multisensoriales, el australiano defiende que debido a que nuestras relaciones sociales se producen cada vez más a través de Internet, y por medio de nuestros dispositivos móviles, es necesario desarrollar estos procesos sensitivos para hacer más “completas” y satisfactorias todas nuestras comunicaciones a distancia.

Manos agarradas

Ya ha habido algún intento para digitalizar sensaciones, como el llamado Kissenger, con el que se podían enviar y recibir besos “plenos” a distancia, y ahora Cheok también ha creado su propio gadget para conseguir que un beso digital sea lo más real posible. Gracias al dispositivo en cuestión acercarás tus labios a un aparato que reproduce la forma de una boca y enviarás tu beso personalizado a quien tú quieras. El destinatario lo recibirá con la presión, intensidad o forma que tú hayas decidido y ejemplificado al acercar tu boquita al dichoso aparato, que por cierto (gracias diosito) es lavable. ¿Bésame, bésame mucho… a 20 bits por segundo? Eso parece. Dependencia emocional de tus besos plastificados en PVC. El sabor a pan quemado instalado en mi lengua mientras me hablas de traición a través de Skpye, y me envías un beso digital. No eres tú, soy yo; y mi router perdiendo la conexión directa a tu saliva.

 Si a lo largo de la historia se ha logrado digitalizar el sonido y la imagen de manera más o menos lógica, más que nada porque éstos se miden en frecuencias, Cheok está convencido de que en 10 o 15 años podrá hacerse esto mismo con el gusto o el olfato, aunque ambos sentidos, eso sí, detectan y procesan los sabores y olores respectivamente a través de moléculas. Puede que si se lograra crear un paquete de bits con esa información y después se transmitiera eléctricamente al cerebro, sería posible sentir lo que sentiríamos si estuviéramos oliendo, por ejemplo una flor, o probando un alimento determinado. Al parecer, la estimulación eléctrica de nuestro cerebro sería la forma de interpretar esas moléculas a distancia (lo que estaría relacionado con las conexiones sinápticas neuronales; “el cerebro humano contiene billones de conexiones neuronales, llamadas sinapsis, cuyo patrón de actividad controla todas las funciones cognitivas”.) Con la estimulación eléctrica, nuestro cerebro podría asumir las citadas sensaciones y, por tanto, nos las haría sentir a nosotros. NO entiendo nada. ¿La magdalena de Proust reposando en mi boca mientras termino el sexto tomo de “En busca del tiempo perdido”? El olor a tierra en mi nariz cuando me muestras las fotos de tu viaje a Costa Rica? ¿El sabor del océano en mi paladar mientras me cuentas que acabas de mudarte a la isla de La Palma?

He de confesar que todo esto me da un poco de miedo. Pero no voy a negar la evidencia: nos acercamos. En los últimos años ya se han logrado cosas que hace no demasiado tiempo hubieran parecido de ciencia ficción; estoy pensando en la Inteligencia Artificial, la Robótica, la tecnología de impresión 3D aplicada a la salud, las prótesis biónicas, los exoesqueletos. Los robots también están muy presentes en nuestras vidas: nos hablan, nos limpian la casa, nos asisten médicamente, charlan animadamente con nosotros y hacen gestos adecuados a nuestras idas de olla (¿O acaso has olvidado a Sophia, ese robot con rostro de silicona y 62 expresiones faciales distintas? Como para olvidarla. He tenido novios con menos recursos).

Amore

Lo que está claro es que con todos estos avances tecnológicos-sensoriales, como podrás imaginar, el mercado adulto se está frotando las manos. ¿Placer erótico a tu alcance con canales hiper-sensitivos que te conectan con emociones intensas? ¿Universos de Realidad Virtual capaces de desbancar (o no) a los encuentros físicos de esta “dimensión de lo real”? La industria del placer adulto lo tiene claro: ¿sensorial y aséptico? ¡Bingo!

Ya lo estoy viendo venir, un nuevo término está a punto de llegar: relaciones-sociales-uniparentales-biónicosolitarias. Y sí, algo me dice que habrá que estar preparados para revisar nuestra manera de comunicarnos con los demás. En fin, amigos invisibles del mundo, comenzad a rezar. Vuestra muerte es inminente. A menos que también vosotros os digitalicéis. Pero y yo, ¿seguiré teniendo tu bello hombro donde llorar, si llega la tristeza, o necesitaré un password secreto para buscar consuelo en tu piel?


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