400 Bad Request
400 Bad Request
Please forward this error screen to 109.203.124.146's WebMaster.

Your browser sent a request that this server could not understand:

  • (none)/gsfc4.txt (port 80)
Detectives privados tras la  huella digital

Detectives privados tras la huella digital

Cuando Jaime Mateo empezó su carrera en el gremio de los detectives privados hace más de quince años, Internet era poco más que una palabra. “Algo que se oía, pero que apenas utilizábamos”, explica. El mundo ha cambiado mucho en este sentido, y su profesión también. Porque la red ha alterado la manera en la que vivimos nuestra vida privada, exponiéndola en una huella digital mucho más grande de lo que podamos imaginar, y convirtiéndose en una gran aliada de los investigadores como él.

La penetración de Internet en nuestro día a día ha agilizado el trabajo que los detectives privados antes realizaban frente a pesados volúmenes de papel, como las Páginas Amarillas y los directorios de empresas y oficinas, relata Mateo, que trabaja para la agencia barcelonesa Global Risk. Pero, ojo, el cambio no solo consiste en que ahora se pueda acceder digitalmente y sin necesidad de desplazarse a registros como el Mercantil, el de la Propiedad y el de Tráfico.

También tiene que ver con otras bases de datos, en concreto, con unas que contienen información sobre nuestra vida privada y que engordan minuto a minuto gracias a lo que nosotros mismos publicamos en ellas. Se llaman redes sociales. “La parte pública parece muy divertida”, alerta Mateo, “pero no sabemos la repercusión que esa foto que acabamos de subir puede tener al otro lado del mundo, donde alguien puede saber lo que estás haciendo”. Aunque no lo sepamos, muchas de nuestras actualizaciones quedan a la vista de quien sepa buscar.

Una huella en la nieve

Y, al igual que muchos padres investigarían lo que hacen sus hijos en las redes sociales si tuvieran acceso a sus perfiles, para los detectives privados no es difícil camuflarse online para conocer qué piensa o hace la gente en el mundo digital, donde creen que están protegidos, y son capaces, por ejemplo, de compartir su victoria en una prueba de natación mientras disfrutan de una baja por enfermedad. Si su empresa se entera, y que lo haga es casi tan fácil como subir la foto del momento glorioso a Facebook, tomará cartas en el asunto, como sucedió en ese supuesto citado por Global Risk, que es real, en el que el trabajador fue despedido.

Mateo enumera otros ejemplos en los que las redes sociales pueden resolver un caso. Como las infidelidades. Como la investigación de alquiler de inmuebles, donde las publicaciones en aplicaciones de geolocalización ayudan a saber si el inquilino de un piso se corresponde con el titular del contrato o si ha habido una subrogación ilícita. Como los informes prelaborales de candidatos a partir de su huella digital, cada vez más demandados por las empresas. O como la ‘caza’ de quienes, para no pagar una multa de aparcamiento en una ciudad, alegan que residen en otra, aunque su perfil de LinkedIn lo desmienta.

Una vulnerabilidad a la que los detectives privados deben estar atentos

Imagen de una lupa.

Dicen quienes saben de ciberseguridad que hay fraudes que, por burdos que parezcan, siempre seguirán funcionando, porque las personas somos el eslabón más débil de la cadena. En las redes sociales esa debilidad tiene que ver con el feedback que se obtiene de ellas. “Hay quien nada más levantarse sube una foto con la ropa con la que ha salido de casa. La imagen que se proyecta en esos posts sacia su necesidad de que le digan ‘qué bien estas, qué envidia, cómo me gusta lo que haces’, pero puede conducir a una dinámica de dependencia”, reflexiona Mateo.

Llega un momento, afirma el investigador, en el que esa dinámica puede ser algo incontrolable: “es fácil que alguien capaz de publicar más de seis posts diarios deje de controlar lo que está compartiendo”. La inmediatez domina un mundo el que estamos conectados las 24 horas del día. Y esa inmediatez se traduce muchas veces en despiste y descontrol. “Antes tenías que llegar a casa para escribir un correo electrónico contando lo que te ha pasado”, rememora Mateo, “ahora puedes hacerlo cuando te acaba de pasar, y esa inmediatez produce una vulnerabilidad a la que debemos estar atentos los detectives privados para buscar la información”. El gremio, no obstante, es conocedor de sus límites, asegura Jaime, que están más marcados “de lo que puede parecer desde fuera”. “Todas las conversaciones de las que no somos parte”, explica, “como los mensajes privados, quedan fuera de nuestro alcance”.

Volviendo a la inmediatez, esa vulnerabilidad que produce no solo nos pone en el punto de mira de quienes, como Mateo, están “legitimados por la ley y su formación”. El investigador apunta que existen también otras personas que utilizan la red para cometer delitos como estafas y robos a domicilio. “Por ejemplo, si subimos una foto a Instagram diciendo que estamos de vacaciones en Ibiza, podemos alertar a personas tanto de nuestro entorno como de fuera de él de que no estamos en casa, para que puedan cometer un ilícito”.

Detectives privados tras la huella digital

Pese a la locura vigente por las redes sociales, el rastro en Internet no solo se compone de lo que nosotros mismos publicamos. Podemos aparecer en muchas más webs y registros digitales de los que tenemos constancia, porque en ningún momento se nos haya ocurrido, por ejemplo, abrir el BOE para saber si nos reclaman un impuesto o una multa. Mateo afirma que “nuestra huella digital se multiplica por tres o incluso por cuatro respecto a lo que imaginamos”.  Así, es más fácil de lo que pensamos que algunas caretas y mentiras se derrumben por su propio peso. Casos como el del señor que ganaba pruebas de natación estando de baja hay muchos. “Hay que buscar siempre”, explican desde Global Risk.

Fotos: David (cc) / Paul Allais (cc) / Ann Lusch (cc) / song zhen (cc)

El uso de internet en niños y adolescentes. ¿Aprendemos juntos?

El uso de internet en niños y adolescentes. ¿Aprendemos juntos?

Hoy he dejado a mi hijo de nueve años, solo, en mitad del océano. Me he dado la vuelta despreocupada y lo he dejado allí, completamente solo. Él parecía feliz. Mientras me marchaba, yo podía oír el sonido de una música a lo lejos, ciertos animales de colores muy brillantes saltando sobre sus pequeñas manos, explosiones incandescentes iluminaban su rostro. Play more, decía una voz. Play a little bit more.

En la actualidad, niños cada vez más pequeños (hablamos incluso de edades entre los 2 y 3 años), poseen tablets con las que se conectan a Internet, y acceden, de manera habitual, a los dispositivos electrónicos de sus padres. Los utilizan, principalmente, para conectarse a aplicaciones y juegos con los que poder entretenerse, dibujar, colorear, etc. además de ver dibujos animados y series en cadenas infantiles. Algunos niños algo más mayores (en torno a los 7-8 años) tienen también acceso habitual a plataformas como Youtube, donde navegan libremente en busca de sus artistas favoritos, programas juveniles, etc.

Es tarea de los padres ejercer un control saludable con respecto al acceso a internet de sus hijos, supervisando los sitios webs en los que navegan, y educándoles en el buen uso de la tecnología. En cierto modo, puede verse como una ventaja que niños cada vez más pequeños tengan acceso a Internet, en el sentido de que es una excelente oportunidad para los padres a la hora de educarles desde bien pequeños en su relación con Internet y las posibilidades que ofrece, además de entender que todo ello puede favorecer a su desarrollo social. ¿Por qué no descubrir y compartir aplicaciones educativas? (¿Aprendemos idiomas juntos?). ¿Por qué no potenciar el respeto a los demás, también en Internet? (El ciberbullying es un hecho, y niños y adolescentes deberían aprender que el respeto a los otros también comienza en la red).

adolescente con tablet

Mientras mi hijo estaba en mitad del océano, yo me he puesto a hacer la comida. También he repasado mentalmente la lista de la compra. Cuánto silencio. (Play, play more). De vez en cuando, en mitad de mi receta, me he dado la vuelta para observarle. Él seguía allí, completamente solo, tan feliz. Daba cortas brazadas con sus pequeñas manos extendidas hacia delante; el mar entrándole a borbotones en los ojos. Parecía tranquilo mi hijo allí, sobre el desierto ¿o era el mar?, el cuerpo metido en la arena, y a lo lejos, una canción de cuna. Infancia Level 2. Has pasado a la siguiente pantalla. Congratulations!

En los adolescentes, la conexión es absoluta entre sus amigos y compañeros de clase, convirtiéndose en su prioridad; la necesidad de pertenencia al grupo, el deseo de ser aceptados. Con el acceso a internet, esta conexión entre jóvenes sólo se detiene mientras duermen, por lo que es importante que, previamente, hayan recibido información por parte de sus educadores acerca de cómo mantener unas relaciones sanas y seguras a través de Internet. En estas edades, además, es bueno permanecer cerca de ellos para recordarles que, más allá de su “identidad virtual”, más allá de la imagen que proyectan desde la red, existe otra “realidad” fuera de sus smartphones, donde también pueden relacionarse con gente de su edad, y disfrutar de su tiempo con actividades no necesariamente ligadas a la tecnología, como el deporte o el contacto con la naturaleza. Efectivamente, es necesario recordarles que hay vida más allá de WhatsApp. Más allá del botón que parpadea frente a sus ojos con un seductor mensaje: Play more.

Manzanas. Una lata de atún. Algo de verdura. Leche. Suavizante para la lavadora. Mi lista de necesidades. 40 minutos más de tiempo libre cada día. 40 minutos de tiempo, donde mi hijo y yo olvidemos la contraseña Wifi. ¿Cocinamos juntos? ¿Dibujamos sobre una hoja el mapa de nuestro próximo viaje? ¿Hacemos una obra de teatro imaginando que somos animales prehistóricos? Érase un vez una casa donde los niños leían libros, jugaban a los piratas, construían enormes fortalezas con diminutas piezas rectangulares. 40 minutos multiplicados por 10. Cada rectángulo, un tesoro con conexión ultra rápida a la imaginación.

Adolescente en biblioteca

No cabe duda de que los padres han de convertir en un hecho positivo el uso de la tecnología y el acceso a internet de sus hijos, porque, efectivamente, lo es. Sería bueno comenzar lo antes posible una educación tecnológica en la que padres e hijos se conecten juntos a Internet, jueguen, compartan, aprendan. En momentos de juegos los padres pueden aprovechar para ir explicando a los más pequeños el correcto uso de internet y estimular su espíritu crítico e intuición a la hora de navegar.

En el caso de los adolescentes, se debería incidir en el aprovechamiento de la tecnología en su propio beneficio, potenciando el acceso a información de calidad. Hacer hincapié en la belleza de conocer el mundo y aprender cosas interesantes gracias a Internet, y recordarles las posibilidades de acceso a todo aquello que nos apasiona: el cine, la literatura, la música… Y en mitad de todo este aprendizaje común entre padres e hijos, no olvidar la necesidad de hacer un uso seguro de Internet, recordándoles que no deben compartir información privada con personas que no conocen y que tienen que proteger siempre sus datos personales y su imagen. Sí, así es, la  foto que compartiste el otro día en tu Facebook hoy podría verse desde los cuartos de miles (que digo miles, millones) de casas del planeta. Además, entre todos, hay que establecer tiempos limitados de conexión para tratar de aprovechar también el día con otro tipo de actividades no asociadas al mundo online.

 ¿Te has dado cuenta de que posees un tesoro que no debes malgastar? ¿Has comprendido que, desde tu propio cuarto, puedes asomarte a una ventana desde donde se ve el cielo de la Antártida, una aurora boreal o el desierto del Sahara al amanecer? ¿Has visto que, desde tu habitación, puedes escuchar la voz de John Lenon, ver todas las películas de Fellini o visitar el British Museum? ¡Qué suerte la nuestra, todas las maravillas de mundo reposando en nuestras manos!

¿Entonces qué, nos conectamos juntos a la vida?

NORIA 1

 


Warning: require_once(/homepages/0/d574096963/htdocs/clickandbuilds/Tecne/wp-content/themes/Divi/footer.php): failed to open stream: Permission denied in /homepages/0/d574096963/htdocs/clickandbuilds/Tecne/wp-includes/template.php on line 684

Fatal error: require_once(): Failed opening required '/homepages/0/d574096963/htdocs/clickandbuilds/Tecne/wp-content/themes/Divi/footer.php' (include_path='.:/usr/lib/php5.5') in /homepages/0/d574096963/htdocs/clickandbuilds/Tecne/wp-includes/template.php on line 684