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La tiranía de Facebook

La tiranía de Facebook

La vida en Facebook no es fácil, para qué nos vamos a engañar. Cuánta tiranía. Amigos al peso. Si tú me pones like yo también te lo pongo. Emoticonos hasta arriba de energy. ¿Cuántos eventos chorra tengo pendientes esta semana? Banderitas de condolencia. Feliz cumpleaños, “como-te-llames”. Ese flujo insostenible de notificaciones de gente doctorada en egocentrismo. Tu ex sonriendo desde los perfiles de todos vuestros amigos en común. Frases de Paulo Coelho (P.C. de ahora en adelante) para comenzar el día.

Chucky Facebook

“No dejes que la persona imaginaria dentro de tu cabeza te impida amar a la persona correcta que está delante de ti” ( Firmado P.C.). ¿Perdona? Aunque bueno, para imaginarios algunos de mis amigos de Facebook. Si lo sabré yo, que luego me ven por la calle y hacen que no me conocen. ¡Hey, hola! Sí, a ti, el que acaba de girar la cabeza 180 grados, tipo niña del exorcista. Humm… ¿Recuerdas cuando el otro día te paseaste por mi perfil comentando TODAS mis fotos de las vacaciones? Bien, pues… o me saludas o no te hablo más, quiero decir: ¡te borro de amigo de Facebook!

A veces se hace insostenible, ¿no te parece? Pero aquí estoy-estamos. Dándole al “me gusta” sin ton ni son. Que nadie me invite a más eventos, gracias. No, no quiero jugar a ese juego de los caramelitos. Pues ahora que lo dices, no me interesa tu verborrea política. ¿Te importaría dejar de compartir fotos de gatitos? ¿Serías tan amable de no etiquetarme en más fotografías sin filtro? Y sí, lo que “tengo hoy en mente”, querido Facebook, es que en cuanto termine la promoción de “mi YO más estupendo” ¡me cierro el perfil! ¿Ha quedado claro?

All the loney people Facebook

“Nadie está a salvo de las derrotas. Pero es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños, que ser derrotado sin saber siquiera por qué se está luchando”. (Firmado P.C.). Bueno, ¡lo que me faltaba! Eh…Mira Pau, yo también tengo otra: El cielo está enladrillado, quién lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será. Y, en fin, para que quede claro: yo sé cuál es mi lucha. ¿Superar los 100 “me gusta” en mi foto de perfil?

Pues como te iba diciendo: me voy a presentar a la alcaldía de Facebook. Más que nada, para poner un poco de orden entre tanto post ¿absurdo? En mi toma de posesión, lo primero que haré será vetar, bajo penalización de doscientas abdominales, el uso de mensajes tipo: “Si lo compartes, la suerte llegará a ti” o “por fin es viernes”. Mira, no. También estableceré días festivos en los que el Facebook estará “cerrado por vacaciones”. Tú tratando de entrar a tu perfil, y todo negro. La muerte de tu yo facebookeano por unas horas. La libertad de un paseo en bata por el jardín, sin tener que compartir públicamente ningún acontecimiento cotidiano. Pues sí. Ya va tocando descansar de tanto gift, tanto favorito y tanta mandanga. Y para terminar mi campaña electoral, que no se me olvide: en mi programa de partido no faltará la promesa de establecer el tan esperado botón de “no me gusta” y, para disfrute de los amigos más ocurrentes, el de “se me enamora el alma”.

Miley-Cyrus Facebook

“El alucinógeno más potente del planeta se llama amor. Nos hace ver o escuchar cosas, personas que no existen” (Firmado P.C.). Pau, en esa frase solo tienes que cambiar la palabra “amor” por la palabra “Facebook” y finalmente nos pondremos de acuerdo. ¿Ves como no era tan difícil? Porque… ¿acaso no es Facebook el mayor y más grande cruce de irrealidades que existe? Bueno, tampoco es para tanto, yo más bien diría que es el mayor “exagerador” de vidas, pero nada más.

Si ya lo vengo diciendo: la vida en Facebook no es fácil. Cuánta tiranía. Tú me bloqueas, yo te bloqueo. Cuánta pseudo-amistad elevada a la enésima potencia. Cuántas conversaciones vacías. ¿Bla? Bla bla bla, bla bla bla. Cuánto: “Lo voy a desactivar porque me quita mucho tiempo”. Tic-tac- publicar. Tic- tac- compartir. Tic- tac- 536 amigos. En definitiva, cuánta necesidad de amor, de contacto piel con piel, de conversaciones cara a cara, de paseos bajo un cielo estrellado. “Hoy voy a llenar el Facebook de obras de arte”. ¿Y por qué no llamas a tu amigo de toda la vida y os vais juntos a un museo? “Hoy quiero compartir esta canción con todos vosotros”. ¿Has pensado en ir a algún concierto en vivo, en lo que va de mes? “¡Feliz día del padre, papá!”. ¿Pero si ni siquiera tienes a tu progenitor de amigo en Facebook? Anda, venga: ¡coge el teléfono y dile que le invitas a un café!

Corazón palpitante facebook

“Lo único cierto de las frases de Internet es que tú no puedes confirmar su validez” (Firmado P.C.). No, si ya lo decía yo.

Twitter celebra sus 10 años de vida

Twitter celebra sus 10 años de vida

El 21 de marzo de 2006, todo empezó con un solo Tweet. Desde entonces 320 millones de usuarios activos al mes conversan sobre los temas que más les importan, ¡en todo el planeta! 

Eso sí, twitter no nació tal y como es ahora, al principio no había ni menciones (@), ni trending topics ni retuits ni hashtags, en un primer momento no estaba pensado con el fin de ser una red social.

“Twttr”, como así la llamaron al principo en honor a Flickr, nació como herramienta de comunicacion interna vía SMS.

Cada segundo, la red social genera 500 millones de Tweets diarios, lo que en cifras suma más de 200.000 millones de Tweets cada año. “Ya sea @Eurovisión, #ElClásico, los @PremiosGoya o las #EleccionesGenerales, cuando tienen lugar grandes eventos siempre suceden, también, en Twitter. La profundidad, riqueza y amplitud del contenido compartido por nuestros usuarios sobre estos grandes momentos ha convertido Twitter en la ventana perfecta para saber y participar de lo que sucede en el mundo”, declara Pepe López de Ayala, director general de Twitter España y Portugal. “Diez años después del primer Tweet, nuestro cumpleaños nos da también la oportunidad perfecta para recordar a aquellos usuarios de Twitter que nos han sorprendido e inspirado cada día: como el limpiabotas @xabel, que registró cuentas tan emblemáticas como @Madrid @Roma @Canada @Malaga @RiodeJaneiro @Japan @Gijon @Oviedo @Asturias @Andalucia y @Mieres, y luego sorprendió a todos ofreciendo donarlas a las ciudades correspondientes; o el jubilado castellano que tuitea El Quijote, tweet a tweet, desde @ElQuijote1605; sin olvidar cómo la plataforma ha ayudado a impulsar campañas sociales como #MédulaparaMateo o #NiUnaMenos, en contra de la violencia de género. Cada día encontramos historias que nos emocionan y sorprenden. Bravo por toda esa gente que ha hecho suyo Twitter”, añade.

Tenemos claro que muchas de las noticias que han acontecido en el mundo los últimos años no habrían tenido tanta repercusión sin Twitter. ¡FELICIDADES!

Hablar en emojis: es inútil resistirse

Hablar en emojis: es inútil resistirse

Cada día se envían 6.000 millones de emojis en el mundo. Eso significa que al menos uno de los siete mensajes diarios que, según un estudio de Swyft Media, mandamos los incluye. Las palabras ya no nos parecen suficientes, y la importancia de los emoji en nuestra comunicación cotidiana es tal que hechos como la falta de iconos que representen minorías étnicas generan intensos debates en Estados Unidos. En 2015 el diccionario de Oxford escogió al emoticono que llora de risa como Word of the year, pero ¿es saludable tanta carita?

No, para Scott Fahlman. Este ciudadano de Ohio declaró recientemente a la publicación Digiday que no se encontraba satisfecho con la deriva que ha tomado el empleo de emojis. Y su opinión vale más que otras, porque fue él quien en 1982 propuso por primera vez el uso de iconos para expresar emociones por texto. Así es, al padre de los emoji ahora no le gustan. Aunque su queja tiene más que ver con la estética: dice que lo que le pasa es que encuentra horribles tantas caras amarillas.

Captura de Emojitracker

Captura de Emojitracker, un contador en tiempo real del uso de emoji en Twitter.

El caso es que, desde la Fundéu, que trabaja para fomentar el buen uso del idioma español en los medios de comunicación, su gestora de redes, Yolanda Tejado, nos avisa: tenemos emojis para rato. “Se han convertido en algo natural en la comunicación escrita”. No es nada difícil darse una vuelta por Twitter y toparse con ellos, y no ya en los mensajes de usuarios particulares, sino también en los de cuentas institucionales con tantos seguidores y relevancia como @policía y @RTVE_es. Ahora bien, ¿es recomendable su uso en cualquier situación? Como casi siempre, los expertos consultados coinciden en que en el término medio está la virtud.

Carlos Molina, content director de la consultora Best Relations, se declara “partidario de no abusar de los emoticonos” en términos de comunicación corporativa. Pueden restar seriedad, avisa, y la seriedad a veces es muy necesaria para generar confianza. “No me imagino a una institución como la Policía Nacional avisando de un riesgo de seguridad utilizando una cara de pánico. El efecto que se conseguiría es el de banalizar el contenido, y ése es el principal riesgo”, reflexiona.

Pero el consultor aclara que la cuestión no es tanto si usar o no emoticonos, “sino cuáles utilizar”. Lo que conocemos como caras sonrientes rebajan, en su opinión, el tono de la comunicación, porque “restan formalidad y se asocian a emisores humanos”. En cambio, los iconos de objetos, las iniciales y las cifras “son expresiones casi literales de lo que representan”, que no añaden ninguna connotación adicional al mensaje y cumplen con una de las mejores virtudes que se pueden asociar al lenguaje: economía. Parece que es inútil resistirse.

Otras aplicaciones de los emoji: mucho más que diversión

El pueblo demandaba un botón de ‘no me gusta’, pero la omnipotente Facebook (más de 1.500 millones de usuarios activos al mes) decidió que los emoticonos -un corazón, una cara que ríe, una que llora, otra que frunce el ceño- de sus nuevos botones de reacciones eran una forma mucho mejor de expresar las emociones de su público. Eulàlia Hernández, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, señala esto como un buen ejemplo del triunfo de este código.

A la psicóloga se le nota su amor por los emoji. Y es que cree que no son sólo herramientas para atraer la atención, mantener la empatía o desambiguar, sino que también transmiten mensajes por sí mismos: “se ha comprobado que, con el uso frecuente, un emoticono de una cara sonriente, por ejemplo, llega activar la misma área cerebral que activaría la visión de una persona sonriendo”, asegura.  Hernández cita otras utilidades más allá de los tweets y los chats, como “la comunicación aumentativa y alternativa en personas con dificultades de comunicación”, y como una aplicación sueca llamada BRIS, diseñada para trabajar “con niños que han sido víctimas de abuso y violencia”.

¿Hablaremos algún día “en emojis”?

Hernández dice que, de hecho, ya somos capaces: hay aplicaciones que permiten traducir textos íntegramente a emoticonos, y la compañía estadounidense Emojiworks lanzó, el pasado año, el primer teclado físico de emojis, con hasta 120 emoticonos diferentes. “Todo tiene su función y su espacio”, reflexiona. Para la psicóloga, la clave está en discernir si avances así son útiles y, en caso afirmativo, en qué contexto lo serían. Ella entiende que el hecho de que el significado de un emoticono sea dependiente de la persona y el contexto de uso no representa una carencia, “sino algo característico”. Tal y como sucede, añade, con las palabras.

Carlos Molina recuerda que hoy “priman la rapidez, la reacción impulsiva y la gestión múltiple de conversaciones y contenidos en espacios de tiempo muy reducidos”. Y que somos la Generación Hit: “ya no nos segmentamos por criterios sociodemográficos, sino por la manera en que consumimos los contenidos: pasando de uno a otro como si fuera una lista de grandes éxitos”. Al igual que los GIF, los emoji son clave para entender un mundo así. El consultor nos recomienda que le echemos un vistazo al contador web Emojitracker, que registra el uso de emoticonos en Twitter en tiempo real. El ritmo de actualización es tan trepidante que su creador ha incluido una advertencia para personas con epilepsia.

Detectives privados tras la  huella digital

Detectives privados tras la huella digital

Cuando Jaime Mateo empezó su carrera en el gremio de los detectives privados hace más de quince años, Internet era poco más que una palabra. “Algo que se oía, pero que apenas utilizábamos”, explica. El mundo ha cambiado mucho en este sentido, y su profesión también. Porque la red ha alterado la manera en la que vivimos nuestra vida privada, exponiéndola en una huella digital mucho más grande de lo que podamos imaginar, y convirtiéndose en una gran aliada de los investigadores como él.

La penetración de Internet en nuestro día a día ha agilizado el trabajo que los detectives privados antes realizaban frente a pesados volúmenes de papel, como las Páginas Amarillas y los directorios de empresas y oficinas, relata Mateo, que trabaja para la agencia barcelonesa Global Risk. Pero, ojo, el cambio no solo consiste en que ahora se pueda acceder digitalmente y sin necesidad de desplazarse a registros como el Mercantil, el de la Propiedad y el de Tráfico.

También tiene que ver con otras bases de datos, en concreto, con unas que contienen información sobre nuestra vida privada y que engordan minuto a minuto gracias a lo que nosotros mismos publicamos en ellas. Se llaman redes sociales. “La parte pública parece muy divertida”, alerta Mateo, “pero no sabemos la repercusión que esa foto que acabamos de subir puede tener al otro lado del mundo, donde alguien puede saber lo que estás haciendo”. Aunque no lo sepamos, muchas de nuestras actualizaciones quedan a la vista de quien sepa buscar.

Una huella en la nieve

Y, al igual que muchos padres investigarían lo que hacen sus hijos en las redes sociales si tuvieran acceso a sus perfiles, para los detectives privados no es difícil camuflarse online para conocer qué piensa o hace la gente en el mundo digital, donde creen que están protegidos, y son capaces, por ejemplo, de compartir su victoria en una prueba de natación mientras disfrutan de una baja por enfermedad. Si su empresa se entera, y que lo haga es casi tan fácil como subir la foto del momento glorioso a Facebook, tomará cartas en el asunto, como sucedió en ese supuesto citado por Global Risk, que es real, en el que el trabajador fue despedido.

Mateo enumera otros ejemplos en los que las redes sociales pueden resolver un caso. Como las infidelidades. Como la investigación de alquiler de inmuebles, donde las publicaciones en aplicaciones de geolocalización ayudan a saber si el inquilino de un piso se corresponde con el titular del contrato o si ha habido una subrogación ilícita. Como los informes prelaborales de candidatos a partir de su huella digital, cada vez más demandados por las empresas. O como la ‘caza’ de quienes, para no pagar una multa de aparcamiento en una ciudad, alegan que residen en otra, aunque su perfil de LinkedIn lo desmienta.

Una vulnerabilidad a la que los detectives privados deben estar atentos

Imagen de una lupa.

Dicen quienes saben de ciberseguridad que hay fraudes que, por burdos que parezcan, siempre seguirán funcionando, porque las personas somos el eslabón más débil de la cadena. En las redes sociales esa debilidad tiene que ver con el feedback que se obtiene de ellas. “Hay quien nada más levantarse sube una foto con la ropa con la que ha salido de casa. La imagen que se proyecta en esos posts sacia su necesidad de que le digan ‘qué bien estas, qué envidia, cómo me gusta lo que haces’, pero puede conducir a una dinámica de dependencia”, reflexiona Mateo.

Llega un momento, afirma el investigador, en el que esa dinámica puede ser algo incontrolable: “es fácil que alguien capaz de publicar más de seis posts diarios deje de controlar lo que está compartiendo”. La inmediatez domina un mundo el que estamos conectados las 24 horas del día. Y esa inmediatez se traduce muchas veces en despiste y descontrol. “Antes tenías que llegar a casa para escribir un correo electrónico contando lo que te ha pasado”, rememora Mateo, “ahora puedes hacerlo cuando te acaba de pasar, y esa inmediatez produce una vulnerabilidad a la que debemos estar atentos los detectives privados para buscar la información”. El gremio, no obstante, es conocedor de sus límites, asegura Jaime, que están más marcados “de lo que puede parecer desde fuera”. “Todas las conversaciones de las que no somos parte”, explica, “como los mensajes privados, quedan fuera de nuestro alcance”.

Volviendo a la inmediatez, esa vulnerabilidad que produce no solo nos pone en el punto de mira de quienes, como Mateo, están “legitimados por la ley y su formación”. El investigador apunta que existen también otras personas que utilizan la red para cometer delitos como estafas y robos a domicilio. “Por ejemplo, si subimos una foto a Instagram diciendo que estamos de vacaciones en Ibiza, podemos alertar a personas tanto de nuestro entorno como de fuera de él de que no estamos en casa, para que puedan cometer un ilícito”.

Detectives privados tras la huella digital

Pese a la locura vigente por las redes sociales, el rastro en Internet no solo se compone de lo que nosotros mismos publicamos. Podemos aparecer en muchas más webs y registros digitales de los que tenemos constancia, porque en ningún momento se nos haya ocurrido, por ejemplo, abrir el BOE para saber si nos reclaman un impuesto o una multa. Mateo afirma que “nuestra huella digital se multiplica por tres o incluso por cuatro respecto a lo que imaginamos”.  Así, es más fácil de lo que pensamos que algunas caretas y mentiras se derrumben por su propio peso. Casos como el del señor que ganaba pruebas de natación estando de baja hay muchos. “Hay que buscar siempre”, explican desde Global Risk.

Fotos: David (cc) / Paul Allais (cc) / Ann Lusch (cc) / song zhen (cc)

Burbuja de filtros: una aguja para pincharla

Burbuja de filtros: una aguja para pincharla

Reconoce que tú también lo has hecho (o, al menos, has sentido la tentación): clic en el botón de unfollow cuando alguno de tus contactos te cabrea con un tuit o una actualización de estado. A veces es el fútbol, otras, la religión, pero muchas, no nos engañemos, se trata de política. Es normal; de hecho, esa sensación tiene nombre: disonancia cognitiva. Pero ¿y si nunca más tuvieras la opción de dejar de seguir contenidos que te incomodan porque tus aplicaciones ya lo están haciendo por ti? La semana pasada hubo intento de investidura. Busca en tu muro comentarios de tus amigos online de otros partidos, ¿falta alguien o ya se lo ha tragado tu burbuja de filtros?

Internet y las redes sociales nos han dado voz a todos o casi todos, pero eso no siempre significa que nos ayuden a escucharnos. Más bien, están reforzando lo que dicen esas teorías de la comunicación que afirman desde hace décadas que, en general, las masas oyen lo que quieren oír y leen lo que quieren leer por una sencilla razón, lo contrario resulta difícil, y hasta doloroso. O, como se dice en el idioma de Facebook o Google, no es relevante.

El término homofilia, acuñado por el alemán Karl-Günther Heimsoth en 1924, se utiliza desde entonces para designar la tendencia de las personas a relacionarse solo con quienes se parecen a ellas. Para plataformas como Google, Facebook y Twitter, mostrarte “información relevante” equivale a mostrarte información similar a la que ya has consumido. Lo que no hace sino reforzar tus puntos de vista. Lo expuso en esta charla TED el activista y responsable de la web Upworthy, Eli Pariser:

Al igual que a Pariser, a Eduardo Graells, del centro de investigación y desarrollo Telefónica I+D en Chile, todo esto le preocupa desde hace tiempo. El investigador chileno estará esta semana en la conferencia Intelligent User Interfaces en Sonoma, California, presentando un proyecto que se interesa, precisamente, por la burbuja de filtros en la que tantas veces nos sumen las plataformas de contenidos online y sus algoritmos de recomendación. Entiéndase por burbuja de filtros o burbuja ideológica lo que le ha pasado a gente como la activista británica Natalie Fenton, quien confesaba hace meses en una entrevista publicada en Ctxt que en las últimas elecciones de su país se dejó seducir por la impresión de que, en la tuitesfera y en Facebook, la izquierda con la que ella simpatiza “iba ganando terreno”. Hasta que los resultados de los comicios desmintieron esa ilusión con otros cinco años de gobierno conservador.

Fenton es consciente ahora de que todo lo que estaba haciendo en Internet era hablar con sus amigos. Los nuevos medios, dice, son muy seductores. “Pero son comunidades cerradas y se están cerrando cada vez más”, alerta. El trabajo de Graells se centra en esa burbuja de filtros. Pero no se quiere quedar ahí, también intenta ayudar a estallarla. “Tendemos a juntarnos con quienes piensan como nosotros. Si esto se repite una y otra vez, los grupos a los que pertenecemos tienden a agudizar sus tendencias, es decir, se vuelven más extremas”, explica a Tecné.

Graells empezó a trabajar hace tiempo junto a Mounia Lalmas y Daniele Quercia en el grupo Social Media Engagement con el que Yahoo contaba en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona para crear un motor de recomendaciones capaz de disminuir el sesgo y la polarización de las posturas de los usuarios. Dos años después se ha embarcado en otros proyectos y quedan muchas preguntas por responder, como nos cuenta por email, pero al menos él y sus compañeros lograron detectar cuándo su propuesta “funcionaba y cuándo no”. “El por qué funciona es una pregunta que todavía no está respondida”, confiesa. “Pero así es la ciencia, ¿no?”.

La solución a la burbuja de filtros no está en lo que nos separa, sino en lo que nos une

Desarrollando sus experimentos en Twitter, el equipo avanzó en el conocimiento de qué podría ayudar a los usuarios a realizar de forma consciente las decisiones que otras veces los algoritmos toman por ellos. Muchas de las experiencias previas para conectar entre sí a personas con ideas diferentes no habían funcionado. ¿Por qué? Porque eran directas. La solución, como indica Graells, parece estar “en un enfoque indirecto: en vez de intentar conectarte directamente con gente muy diferente, queremos conectarte con gente que se parezca a ti en ciertos temas solamente, justamente temas que faciliten la interacción y la simpatía”.

Una escena de la quinta temporada de 'The Walking Dead'.

Una escena de la quinta temporada de ‘The Walking Dead’.

Como ejemplos cita los programas de televisión –The walking dead apareció repetidas veces cuando intentaba conectar a usuarios con posturas enfrentadas respecto a un tema tan sensible como el aborto-, eventos deportivos y musicales. “Los temas políticos quedarían para después”, señala.

El modelo con el que Graells y sus compañeros han trabajado consiste en combinar algoritmos de recomendación con la visualización de perfiles distintos al nuestro, pero con algún interés común, como los antes mencionados. La información que recibimos a través de la vista no está tan influida por los sesgos cognitivos como el texto, asegura. Y, a largo plazo, la exposición a una diversidad de contenidos y personas “es beneficiosa” para cualquiera.

Burbuja de filtros

Pero ¿interesa a servicios para los que el engagement de los usuarios es tan crucial como Facebook y Twitter empezar a pelear contra la burbuja de filtros? “Sé que es difícil lidiar con alguien que piensa totalmente distinto”, admite Graells, “y el beneficio individual es más teórico que práctico”. Por eso, si solamente se cambia el contenido que se recomienda a los usuarios, todos pierden: la plataforma porque, “en general, a las personas no les interesa contenido que podría ser diverso”, y los usuarios, porque “no reciben contenido relevante para ellos”.

Si lo que se hace, en cambio, es, como propone Graells, mostrar contenido relevante pero desplegado de una forma distinta, sí se obtienen resultados distintos a los actuales, en el sentido de que la influencia de los sesgos ideológicos parece disminuir en las elecciones que hacen los usuarios online. No obstante, lo que el equipo persigue no es que los internautas acepten cada vez más recomendaciones de perfiles que piensan de forma muy distinta a ellos, sino que tomen sus propias decisiones de manera consciente.

Estos investigadores no creen que los modelos actuales de las redes sociales puedan ayudarnos a escapar de la homofilia. Las interfaces con las que solemos interactuar se inspiran en aplicaciones financieras y “por naturaleza, esas interfaces de usuario no propician entusiasmo ni compromiso”, asegura Graells. Tampoco parece que se avecinen, de momento, grandes cambios. Por ejemplo, el investigador explica que hoy no podrían haber realizado este trabajo de campo en Twitter, una plataforma que en su momento escogieron por su ausencia de sesgo algorítmico, pero que incorporó recientemente un algoritmo que condiciona la información que sus usuarios recibimos de ella. Si tienes una cuenta en Twitter, ábrela. Echa un vistazo a las cuentas que te recomienda seguir. ¿En cuántas cosas no estáis de acuerdo?

Eduardo Graells indica que “cualquier persona que quiera replicar el estudio o hacer uno nuevo puede usar el mismo código” que él y sus compañeros usaron. Está disponible en https://github.com/carnby/aurora

Fotos: Casey Florig (cc) / califmom (cc)


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