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Borrar nuestro rastro de Internet: cómo deshacer un entuerto social media

Borrar nuestro rastro de Internet: cómo deshacer un entuerto social media

Web social es sinónimo de inmediatez, algo que a veces conduce a retuitear sin leer o comentar la última noticia sin que ni siquiera esté confirmada; a compartir una ocurrencia antes de que se te olvide o se le ocurra a alguien más, pero también antes de madurarla lo suficiente. Un factor que confluye, y que en ocasiones lo hace de forma diabólica, con otro que es casi su opuesto: Internet es también una gigantesca memoria donde todo puede quedar grabado y, por tanto, ser recuperado. Un historial del que demasiadas veces queremos borrar nuestro rastro.

La red se acuerda de todo. Por ejemplo, de aquellos tuits que un jovencísimo Sergio Guardiola intercambió con un amigo madridista en 2013, en los que insultaba a Cataluña. Quizás a él se le habían olvidado, pero dos años después de escribirlos, cuando acababa de fichar por su equipo B, fueron encontrados, y el Barça lo despidió.

Borrar nuestro rastro de Internet: cómo deshacer un entuerto social media

Las redacciones estadounidenses adoptaron hace tiempo una costumbre que aquí empieza a ser imitada: cada vez que alguien es nombrado CEO, director/a de comunicación, concejal o incluso presidente o presidenta de su comunidad de vecinos merece la pena repasar su timeline de Twitter en busca de algo que pueda dar un buen titular. Es un trabajo duro, pero el esfuerzo a veces da sus frutos, aunque éstos sean de dudosa ética. Y, si no, que se lo pregunten a Guillermo Zapata, quien la pasada primavera duró apenas unas horas tras su nombramiento como responsable del Área de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid. Tuits publicados por el político en 2011 con chistes de cuestionable gusto fueron recuperados de entre los ¡más de 50.000! que había escrito, y Zapata tuvo que dimitir.

Es decir, que quien se disponga a ocupar una posición de cierto poder o relevancia ha de asumir que su huella online va a ser rastreada e investigada. A veces la chispa que prende la mecha puede ser un tuit o un post en Facebook en el que medimos mal nuestras palabras o una etiqueta en una foto desafortunada; en otras ocasiones, sin embargo, el fantasma contra el que luchamos puede venir del relato de un tercero. Pero que no cunda el pánico: Internet crea problemas, pero también soluciones. Éstas son algunas.

Clear: un timeline a prueba de escándalos

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¿Te acuerdas de cuando te enfadaste tanto con tu novio? Clear puede ayudarte a olvidarlo.

A lo mejor a Zapata y a Guardiola les habría venido bien utilizar esta aplicación, Clear, de momento solo disponible en inglés y para dispositivos iOS. Su creador es Ethan Czahor, un estadounidense que, al igual que ellos, también perdió un trabajo por culpa de unos tuits. Cuando a Czahor lo nombraron nada más y nada menos que CTO (responsable tecnológico) del equipo del político republicano Jeb Bush, algunos tuits que había publicado en el pasado, como chistes machistas, salieron a la luz, y tuvo que renunciar. Fue entonces cuando desarrolló esta app, que se integra con plataformas sociales como Twitter, Facebook e Instagram, y rastrea nuestros perfiles en ellas a través de un algoritmo. Éste es capaz de establecer un baremo de limpieza -de ahí su nombre, ‘limpio’, en inglés- del que se vale para detectar aquellas publicaciones con las que deberíamos tener especial cuidado: no solo las que llevan palabrotas, sino también aquellas que se refieren explícitamente a grupos étnicos o a opciones sexuales.

El derecho al olvido de los buscadores

Borrar nuestro rastro de Internet: cómo deshacer un entuerto social media

El doodle que Google dedicó al artista Auguste Rodin.

Pero algunas veces lo que nos compromete en Internet queda fuera de nuestro alcance. La justicia europea reconoció en 2014 el derecho de los ciudadanos a pedir que los buscadores eliminasen de su lista de resultados ciertos enlaces cuya información les perjudicase o molestase, aun cuando ésta hubiera sido publicada por terceros -un periódico online, por ejemplo- y éstos no la borrasen. Aunque no obliga a las plataformas a eliminar cada enlace denunciado, sino a simplemente revisar las peticiones al respecto, Google, que lidera el mercado europeo de las búsquedas, se revolvió como gato panza arriba contra una medida que consideró injusta. Su presidente ejecutivo, Eric Schmidt, aseguró que el derecho al olvido choca con el “derecho a saber” de los ciudadanos. Pese a la amargura del trago, el gigante de Internet implementó entonces un formulario online para que sus usuarios le hagan llegar sus solicitudes, y puso a un equipo de decenas de personas -abogados, ingenieros- a atenderlas en Dublín. Competidores, como Bing de Microsoft, siguieron sus pasos poco después. Solo entre mayo de 2014 y marzo de 2015 Google recibió 218.320 peticiones, de las cuales respondió favorablemente a 101.461 (siempre según sus datos).

Si quieres que un resultado de búsqueda que te afecta desaparezca, solo tienes que cumplimentar uno de estos formularios introduciendo el enlace en cuestión. Pero no olvides adjuntar una copia escaneada de un documento que acredite tu identidad; seguro que a alguien ya se le ha ocurrido intentar aprovechar la herramienta para intentar perjudicar a otras personas o competidores

Eliminalia: borrar el pasado

El eslogan de esta empresa, fundada en Barcelona en 2011, no es otro que “borramos tu pasado”. Eliminalia se encarga tanto de realizar un análisis completo de la reputación online de una persona o firma como de centrarse en el borrado de una información concreta. Sus servicios, que incluyen la garantía de devolución del dinero si el cliente no queda satisfecho, contemplan eliminar nuestro nombre o el de nuestra marca de buscadores, medios de comunicación, redes sociales e incluso documentos como el Boletín Oficial del Estado. La compañía también se ocupa de casos como aquellos en los que alguien usurpa o ensucia nuestra identidad en redes sociales y foros. Si existe un comentario en algún lugar que te está molestando, Eliminalia se compromete a borrarlo, y sus responsables afirman que sus resultados los avalan. “Siempre lo conseguimos”, reza un mensaje en su página web.

Foto: Gilles Lambert

Project Loon, el proyecto de Google para llevar Internet a los lugares más recónditos del planeta

Project Loon, el proyecto de Google para llevar Internet a los lugares más recónditos del planeta

Aunque a la mayoría de nosotros pueda parecernos mentira, lo cierto es que, en la actualidad, dos tercios de la población mundial no tienen acceso a Internet. Por ello, Google, desde su Área X (antes conocida como Google X), ha puesto en marcha el llamado Proyecto Loon, que consiste en una red de globos que hará posible la conexión a Internet en las zonas más remotas e inaccesibles del mundo. El proyecto ha comenzado precisamente en Indonesia, y se prevé que se vaya extendiendo paulatinamente a otros países. El siguiente en la lista, sin ir más lejos, será Sri Lanka.

Estos globos flotan en la estratosfera, a 20 kilómetros de la superficie terrestre, superando dos veces la altura de los aviones, y ascendiendo o descendiendo a la capa de viento que sopla en la dirección que necesitan. Esto es posible gracias a que Project Loon utiliza algoritmos de software para determinar dónde deben dirigirse los globos y posteriormente trasladarlos a una capa de viento que sople en la dirección buscada.  

Las personas podrán conectarse a la red del globo a través desde sus teléfonos y otros dispositivos habilitados para LTE (tecnología de transmisión de datos de banda ancha inalámbrica), siendo esto posible gracias a los acuerdos adquiridos con empresas de telecomunicaciones locales (como Indosat, Telkomsel y XL Axiata en Indonesia) para compartir el espectro celular.

En la actualidad, Project Loon se encuentra en su fase de pruebas, donde se habla de una conexión de 15 megabits por segundo. Tras varios intentos fallidos, finalmente se ha podido dar con el diseño de globo más fiable (y no excesivamente caro en su producción), capaz de dar 19 vueltas al planeta durante casi 190 días. Con estos prometedores inicios ahora está por ver si se logra la conectividad esperada y se puede hablar, finalmente, de Internet para todos, en todos los lugares.


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