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Bios Incube, la vida después de la muerte.

Bios Incube, la vida después de la muerte.

Siempre hablamos de cómo la tecnología se cuela en nuestro día a día para facilitarnos la vida (a veces nos la complica, aunque ese es un tema aparte), pero en ocasiones se crean iniciativas que van más allá. Más allá de la vida y más allá de la muerte. Se llama Bios Incube y es un sistema diseñado para ayudar a convertir a tus seres queridos en arboles una vez han pasado a mejor vida.

 

Mi primera reacción no ha sido, quizá, la más positiva de las reacciones (de hecho he pensado que todo esto era un poco creepy), pero luego, después de meditarlo a fondo (durante dos minutos): ¿qué hay más bello que un brote de vida que proviene de la muerte?

Y eso mismo debió pensar la compañía, que lanzó una urna biodegradable que convierte los restos de nuestros seres queridos y mascotas en un árbol. Ahora, el nuevo dispositivo integra un conjunto de sensores y un sistema de irrigación completo, que, además, monitorizan la humedad, temperatura (tanto del aire como de la tierra), los niveles de exposición de luz y evalúan la conductividad eléctrica. Estos sensores funcionan de manera autónoma y dependiendo del tipo de árbol, se aplicará más o menos agua. Gracias a la app, los usuarios disponen de información a tiempo real y consejos útiles para el mantenimiento de la planta.

Bios Incube
Bios Incube

Bios Incube ha sido diseñada para los usuarios metropolitanos que no tienen acceso a terrenos naturales y para la gente que busca alternativas a los cementerios y quieren estar conectados con sus seres queridos de una forma más cercana, con el propósito de ofrecer una opción sostenible para recordar a los difuntos de forma original, natural y contemporánea.

Soñamos con un mundo en el que los cementerios sean remplazados por bosques de espíritus, donde ir a mostrar tus respetos a tus familiares y amigos sea una experiencia plena y reparadora. Estaría genial, ¿verdad? Adiós cemento, hola almendros en flor.

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Oombrella, el paraguas del futuro.

Oombrella, el paraguas del futuro.

¡Hola millennials! ¿Qué tal va la Semana Santa? ¿Os habéis ido ya de vacaciones? ¿O seguís esperando a que llegue el jueves con las mismas ganas que yo? Fuera como fuere, os traemos una noticia que seguro que os alegra a más de uno, y es que, como bien sabréis, a veces Semana Santa es sinónimo de lluvia. Os presentamos Oombrella, el paraguas con el que se acabarán tus problemas.

oombrella

¿Estás cansado de que se ponga a llover dos minutos después de salir de casa, sin capucha, sin paraguas y peinado? ¿O es que acaso los pierdes continuamente en el paragüero de un bar?

No, no hace que deje de llover (para eso ya existen danzas, ¿o era al revés?) pero sí te avisa de cuándo va a caer un chaparrón y gracias a su sistema de sensores conectados con el Bluetooth de tu smartphone, te avisa de que lo has dejado olvidado con un mensaje súper mono: “forget me not/don’t leave me now” (súper mono porque me imagino al paraguas con ojitos en plan “él nunca lo haría”)

Oombrella

¿Cómo te avisa?  Oombrella te notifica si va a llover en los próximos 15 minutos en su app gratuita, por no hablar de que el paraguas en sí recoge los datos del tiempo (temperatura, presión y la luz del día). El servicio se basa en la plataforma wezzoo, un servicio meteorológico social y a tiempo real. Entre sus otras características, cabe destacar que tiene una rosca en la parte superior por si te apetece poner una GoPro y viene con luz y un sistema de vibración incorporados que te avisa de si recibes una llamada. Todo ventajas.

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Oombrella es un proyecto de Kickstarter y nos ha enamorado, no sólo por su diseño personalizable ni por la posibilidad de elegir entre dos tamaños, si no porque han conseguido un dispositivo inteligente que verdaderamente responde a una necesidad (un poco fugaz, vale, pero hace nuestro día a día más cómodo, ¿no?). ¿Nunca te has dejado el paraguas por ahí? En esta época del año viene fenomenal.

¡Que abril (aguasmil) no te pille desprevenido! ¡Hazte con un Oombrella!

Oombrella

¿Os acordáis de cuando os hablamos de phone-brella? Se ve que nos gustan los paraguas.

¡Feliz Semana Santa a todos! :)

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Quién es quién en los grupos de WhatsApp

Quién es quién en los grupos de WhatsApp

Y tú ¿en cuántos grupos de WhatsApp estás? Sabemos que una de cada siete personas en el mundo, un total de mil millones, usa esta aplicación, pero sigue sin ser una pregunta tan fácil de responder: habría que concretar, antes de hacerlo, en cuántos chats de los que formas parte participas asiduamente, en cuáles deseas de verdad estar, cuáles consiguen sacarte de tus casillas más a menudo de lo recomendable…  En resumen, restar del cómputo aquellos de los que te largarías con gusto, aunque por compromiso o cortesía tengas que conformarte con mantenerlos silenciados.

Los chats grupales, como tantas otras cosas de la vida, son cuestión de prioridades: lo que a ti te parece la leche puede ser una lata para los demás, y viceversa. En función de las nuestras, en las conversaciones de WhatsApp todos encarnamos alguno de estos papeles. Es más, al igual que fuera de la aplicación de mensajería instantánea, hay veces en las que somos capaces de compaginar varios diferentes, según dónde y con quién nos encontremos.

El dinamizador

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Si WhatsApp entregase títulos de monitor de ocio y tiempo y libre, los usuarios y usuarias de esta categoría tendrían matrícula de honor. Son los que saludan los primeros cada mañana, los que comparten vídeos, los que pegan esos chistes que te obligan a hacer scroll durante un cuarto de hora, los que cambian el nombre y el título del grupo cuando se quedan antiguos. Algunas veces se rebotan y se quejan de que, si no fuera por ellos, nunca hablaríais, pero enseguida se les pasa y crean un chat nuevo para organizar la próxima quedada.

Los que solo usan los grupos de WhatsApp para felicitar los cumpleaños

MRW James Doakes comes to Oedipus’ birthday party

Dueñas de un admirable autocontrol, estas personas solo intervienen en los grupos de WhatsApp para escribir un lacónico ‘felicidades’ cuando alguien cumple años. En algunas ocasiones se echan la manta a la cabeza y felicitan también el Año Nuevo.

Los invisibles

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La única diferencia con la categoría anterior es que ni siquiera felicitan el cumpleaños. Están ahí, pero no los ves. Esa discreción extrema puede llevar a confusiones peligrosas, como criticar su última metedura de pata al olvidar que a lo mejor te están leyendo. Eso sí, ni se te ocurra expulsarlos del grupo: se enfadan un montón y dejan de saludarte por la calle. Como en WhatsApp.

El que entra y sale

Pennywise goodbye

Bien porque dice que se agobia con tanto mensaje, bien porque tiene dificultades para interpretar la comunicación escrita y se molesta con frecuencia, bien porque le gusta mucho ser el centro de atención y conoce la carga dramática de un buen mutis por el foro, este usuario entra y sale del grupo de WhatsApp como si fuera el metro. Pero no sabe vivir sin él: si eres el administrador, se dirigirá a ti por mensaje privado con frecuencia para que vuelvas a invitarlo cuando se le haya pasado el pronto. Si se te ocurre hacerles administradores a ellos para ahorrarte trabajo, verás cómo las expulsiones y la dictadura del terror no tardan en llegar.

El que solo se ríe

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Sabes que están vivos porque escriben ‘jajaja’ de vez en cuando. Pero no les pidas más.

El de las noticias

Kent Brockman

Solo le faltan las señales horarias de un boletín informativo: es el que introduce trazos de realidad en ese micromundo que todo chat de WhatsApp es con enlaces a noticias en medios online. Si éstas son de corte político, han sido publicadas en una web de dudosa credibilidad y generan agrias polémicas entre integrantes del grupo de tendencias ideológicas opuestas, mejor que mejor.

Los ‘copypaste’

15 commandments

Si las supersticiones fueran ciertas, estos usuarios de WhatsApp ya serían inmortales: “copia y envía este mensaje a 3476 usuarios en los próximos cinco minutos si quieres recibir buenas noticias durante hoy”. Cabe destacar también su granito de arena en la propagación de escabrosos bulos y falsas alertas.

Los rompedatos

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Notas de audio de veinte minutos, vídeos en alta calidad, decenas de capturas de pantalla… está claro que no tienen la misma tarifa de datos que tú, porque llevan un ritmo absolutamente insostenible de transferencia de información. Sí, los usuarios de esta especie son los responsables de que hayas desactivado la opción de descarga automática de archivos.

El peteneras

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“¿De dónde vienes? Manzanas traigo”. Las conversaciones con él o con ella resultan tan de besugo que a veces te hacen plantearte si tu conexión o la suya están fallando. Cuando todo el mundo está hablando de un tema, ellos sacan otro; si los nombras, seguramente te ignoren e interpelen a otra persona del chat; solicitarles una respuesta concreta para algo es invocar al dios del silencio durante varias semanas. No es que no les lleguen los mensajes: es que no les gusta escuchar y en WhatsApp, por fortuna o por desgracia, no hace falta fingir que lo haces.

Foto (cc): IEDA PROFESORES

Hablar en emojis: es inútil resistirse

Hablar en emojis: es inútil resistirse

Cada día se envían 6.000 millones de emojis en el mundo. Eso significa que al menos uno de los siete mensajes diarios que, según un estudio de Swyft Media, mandamos los incluye. Las palabras ya no nos parecen suficientes, y la importancia de los emoji en nuestra comunicación cotidiana es tal que hechos como la falta de iconos que representen minorías étnicas generan intensos debates en Estados Unidos. En 2015 el diccionario de Oxford escogió al emoticono que llora de risa como Word of the year, pero ¿es saludable tanta carita?

No, para Scott Fahlman. Este ciudadano de Ohio declaró recientemente a la publicación Digiday que no se encontraba satisfecho con la deriva que ha tomado el empleo de emojis. Y su opinión vale más que otras, porque fue él quien en 1982 propuso por primera vez el uso de iconos para expresar emociones por texto. Así es, al padre de los emoji ahora no le gustan. Aunque su queja tiene más que ver con la estética: dice que lo que le pasa es que encuentra horribles tantas caras amarillas.

Captura de Emojitracker

Captura de Emojitracker, un contador en tiempo real del uso de emoji en Twitter.

El caso es que, desde la Fundéu, que trabaja para fomentar el buen uso del idioma español en los medios de comunicación, su gestora de redes, Yolanda Tejado, nos avisa: tenemos emojis para rato. “Se han convertido en algo natural en la comunicación escrita”. No es nada difícil darse una vuelta por Twitter y toparse con ellos, y no ya en los mensajes de usuarios particulares, sino también en los de cuentas institucionales con tantos seguidores y relevancia como @policía y @RTVE_es. Ahora bien, ¿es recomendable su uso en cualquier situación? Como casi siempre, los expertos consultados coinciden en que en el término medio está la virtud.

Carlos Molina, content director de la consultora Best Relations, se declara “partidario de no abusar de los emoticonos” en términos de comunicación corporativa. Pueden restar seriedad, avisa, y la seriedad a veces es muy necesaria para generar confianza. “No me imagino a una institución como la Policía Nacional avisando de un riesgo de seguridad utilizando una cara de pánico. El efecto que se conseguiría es el de banalizar el contenido, y ése es el principal riesgo”, reflexiona.

Pero el consultor aclara que la cuestión no es tanto si usar o no emoticonos, “sino cuáles utilizar”. Lo que conocemos como caras sonrientes rebajan, en su opinión, el tono de la comunicación, porque “restan formalidad y se asocian a emisores humanos”. En cambio, los iconos de objetos, las iniciales y las cifras “son expresiones casi literales de lo que representan”, que no añaden ninguna connotación adicional al mensaje y cumplen con una de las mejores virtudes que se pueden asociar al lenguaje: economía. Parece que es inútil resistirse.

Otras aplicaciones de los emoji: mucho más que diversión

El pueblo demandaba un botón de ‘no me gusta’, pero la omnipotente Facebook (más de 1.500 millones de usuarios activos al mes) decidió que los emoticonos -un corazón, una cara que ríe, una que llora, otra que frunce el ceño- de sus nuevos botones de reacciones eran una forma mucho mejor de expresar las emociones de su público. Eulàlia Hernández, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, señala esto como un buen ejemplo del triunfo de este código.

A la psicóloga se le nota su amor por los emoji. Y es que cree que no son sólo herramientas para atraer la atención, mantener la empatía o desambiguar, sino que también transmiten mensajes por sí mismos: “se ha comprobado que, con el uso frecuente, un emoticono de una cara sonriente, por ejemplo, llega activar la misma área cerebral que activaría la visión de una persona sonriendo”, asegura.  Hernández cita otras utilidades más allá de los tweets y los chats, como “la comunicación aumentativa y alternativa en personas con dificultades de comunicación”, y como una aplicación sueca llamada BRIS, diseñada para trabajar “con niños que han sido víctimas de abuso y violencia”.

¿Hablaremos algún día “en emojis”?

Hernández dice que, de hecho, ya somos capaces: hay aplicaciones que permiten traducir textos íntegramente a emoticonos, y la compañía estadounidense Emojiworks lanzó, el pasado año, el primer teclado físico de emojis, con hasta 120 emoticonos diferentes. “Todo tiene su función y su espacio”, reflexiona. Para la psicóloga, la clave está en discernir si avances así son útiles y, en caso afirmativo, en qué contexto lo serían. Ella entiende que el hecho de que el significado de un emoticono sea dependiente de la persona y el contexto de uso no representa una carencia, “sino algo característico”. Tal y como sucede, añade, con las palabras.

Carlos Molina recuerda que hoy “priman la rapidez, la reacción impulsiva y la gestión múltiple de conversaciones y contenidos en espacios de tiempo muy reducidos”. Y que somos la Generación Hit: “ya no nos segmentamos por criterios sociodemográficos, sino por la manera en que consumimos los contenidos: pasando de uno a otro como si fuera una lista de grandes éxitos”. Al igual que los GIF, los emoji son clave para entender un mundo así. El consultor nos recomienda que le echemos un vistazo al contador web Emojitracker, que registra el uso de emoticonos en Twitter en tiempo real. El ritmo de actualización es tan trepidante que su creador ha incluido una advertencia para personas con epilepsia.

Detectives privados tras la  huella digital

Detectives privados tras la huella digital

Cuando Jaime Mateo empezó su carrera en el gremio de los detectives privados hace más de quince años, Internet era poco más que una palabra. “Algo que se oía, pero que apenas utilizábamos”, explica. El mundo ha cambiado mucho en este sentido, y su profesión también. Porque la red ha alterado la manera en la que vivimos nuestra vida privada, exponiéndola en una huella digital mucho más grande de lo que podamos imaginar, y convirtiéndose en una gran aliada de los investigadores como él.

La penetración de Internet en nuestro día a día ha agilizado el trabajo que los detectives privados antes realizaban frente a pesados volúmenes de papel, como las Páginas Amarillas y los directorios de empresas y oficinas, relata Mateo, que trabaja para la agencia barcelonesa Global Risk. Pero, ojo, el cambio no solo consiste en que ahora se pueda acceder digitalmente y sin necesidad de desplazarse a registros como el Mercantil, el de la Propiedad y el de Tráfico.

También tiene que ver con otras bases de datos, en concreto, con unas que contienen información sobre nuestra vida privada y que engordan minuto a minuto gracias a lo que nosotros mismos publicamos en ellas. Se llaman redes sociales. “La parte pública parece muy divertida”, alerta Mateo, “pero no sabemos la repercusión que esa foto que acabamos de subir puede tener al otro lado del mundo, donde alguien puede saber lo que estás haciendo”. Aunque no lo sepamos, muchas de nuestras actualizaciones quedan a la vista de quien sepa buscar.

Una huella en la nieve

Y, al igual que muchos padres investigarían lo que hacen sus hijos en las redes sociales si tuvieran acceso a sus perfiles, para los detectives privados no es difícil camuflarse online para conocer qué piensa o hace la gente en el mundo digital, donde creen que están protegidos, y son capaces, por ejemplo, de compartir su victoria en una prueba de natación mientras disfrutan de una baja por enfermedad. Si su empresa se entera, y que lo haga es casi tan fácil como subir la foto del momento glorioso a Facebook, tomará cartas en el asunto, como sucedió en ese supuesto citado por Global Risk, que es real, en el que el trabajador fue despedido.

Mateo enumera otros ejemplos en los que las redes sociales pueden resolver un caso. Como las infidelidades. Como la investigación de alquiler de inmuebles, donde las publicaciones en aplicaciones de geolocalización ayudan a saber si el inquilino de un piso se corresponde con el titular del contrato o si ha habido una subrogación ilícita. Como los informes prelaborales de candidatos a partir de su huella digital, cada vez más demandados por las empresas. O como la ‘caza’ de quienes, para no pagar una multa de aparcamiento en una ciudad, alegan que residen en otra, aunque su perfil de LinkedIn lo desmienta.

Una vulnerabilidad a la que los detectives privados deben estar atentos

Imagen de una lupa.

Dicen quienes saben de ciberseguridad que hay fraudes que, por burdos que parezcan, siempre seguirán funcionando, porque las personas somos el eslabón más débil de la cadena. En las redes sociales esa debilidad tiene que ver con el feedback que se obtiene de ellas. “Hay quien nada más levantarse sube una foto con la ropa con la que ha salido de casa. La imagen que se proyecta en esos posts sacia su necesidad de que le digan ‘qué bien estas, qué envidia, cómo me gusta lo que haces’, pero puede conducir a una dinámica de dependencia”, reflexiona Mateo.

Llega un momento, afirma el investigador, en el que esa dinámica puede ser algo incontrolable: “es fácil que alguien capaz de publicar más de seis posts diarios deje de controlar lo que está compartiendo”. La inmediatez domina un mundo el que estamos conectados las 24 horas del día. Y esa inmediatez se traduce muchas veces en despiste y descontrol. “Antes tenías que llegar a casa para escribir un correo electrónico contando lo que te ha pasado”, rememora Mateo, “ahora puedes hacerlo cuando te acaba de pasar, y esa inmediatez produce una vulnerabilidad a la que debemos estar atentos los detectives privados para buscar la información”. El gremio, no obstante, es conocedor de sus límites, asegura Jaime, que están más marcados “de lo que puede parecer desde fuera”. “Todas las conversaciones de las que no somos parte”, explica, “como los mensajes privados, quedan fuera de nuestro alcance”.

Volviendo a la inmediatez, esa vulnerabilidad que produce no solo nos pone en el punto de mira de quienes, como Mateo, están “legitimados por la ley y su formación”. El investigador apunta que existen también otras personas que utilizan la red para cometer delitos como estafas y robos a domicilio. “Por ejemplo, si subimos una foto a Instagram diciendo que estamos de vacaciones en Ibiza, podemos alertar a personas tanto de nuestro entorno como de fuera de él de que no estamos en casa, para que puedan cometer un ilícito”.

Detectives privados tras la huella digital

Pese a la locura vigente por las redes sociales, el rastro en Internet no solo se compone de lo que nosotros mismos publicamos. Podemos aparecer en muchas más webs y registros digitales de los que tenemos constancia, porque en ningún momento se nos haya ocurrido, por ejemplo, abrir el BOE para saber si nos reclaman un impuesto o una multa. Mateo afirma que “nuestra huella digital se multiplica por tres o incluso por cuatro respecto a lo que imaginamos”.  Así, es más fácil de lo que pensamos que algunas caretas y mentiras se derrumben por su propio peso. Casos como el del señor que ganaba pruebas de natación estando de baja hay muchos. “Hay que buscar siempre”, explican desde Global Risk.

Fotos: David (cc) / Paul Allais (cc) / Ann Lusch (cc) / song zhen (cc)

Un dron patrulla las playas en busca de tiburones

Un dron patrulla las playas en busca de tiburones

Que a los australianos les gusta el surf no es ninguna novedad y parece que muchos llevan esta actividad en la sangre. Por desgracia, son muchos los surfistas que han sido atacados por tiburones mientras surcaban las olas del mar de Tasmania.

Aquí los Aussis han estado rápidos y han implementado un nuevo modelo para patrullar sus costas con nada menos que ¡un dron!

El dron en cuestión se llama “Little Ripper”, es un modelo Vapor55 y la idea es que todos los clubes de surf de Nueva Gales del Sur tengan acceso a esta tecnología que promete salvar vidas, o como poco, prevenir accidentes. No sabemos lo que puede doler un mordisco de tiburón, pero suponemos que en una escala del 1 al 10, sería un 4589 aproximadamente.

tiburones

La idea nació en la cabeza de Kevin Weldon, presidente y fundador de la International Life Saving Federation, a raíz de la necesidad de renovarse para proteger a los ciudadanos. Weldon consideró que hacer uso de las nuevas tecnologías supondría una mejora tremenda en la prevención de accidentes y por ello pensó en este dron americano, que además es más estable y responde mejor al viento que otros drones y es una alternativa más barata y ágil de rescate que un helicóptero de toda la vida.

tiburones

La peculiaridad de este dron es que no parece un dron convencional, tiene un diseño que se acerca más a un helicóptero que al dron de cuatro hélices a los que estamos acostumbrados y además puede llevar a una cápsula con material de rescate, que en caso de necesidad se dejaría caer sobre la persona en peligro. Tiene hasta una hora de tiempo de vuelo por carga y está equipado con una cámara de alta tecnología que, junto a un algoritmo de software aun en desarrollo, podrá detectar si hay o no tiburones y dónde. ¡Surferos del mundo, podéis estar tranquilos!

¡Que el tiburón no te pille desprevenido! :)

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